martes 19 de enero de 2010

UNA CRISIS PARA MEJORAR


Hola mistercitos, ¿estáis bien? ¿Cómo se están desarrollando vuestras vidas en este mes nuevamente marcado por la crisis? Supongo que para muchos la cuesta de enero se habrá convertido en la escalada de enero. Sin embargo habrá que hacer de tripas corazón y, como muy bien decían los Monty Python, tendremos que mirar al lado bueno de la vida. Y es que muchos somos los que, como si de un coro de plañideras se tratase, nos lamentamos por la crisis económica y pasamos el tiempo jugando a adivinar sus más internas causas y a presagiar sus posibles peores consecuencias. No obstante, el mayor mal de todos, el que más nos turba y ese al que deberíamos dirigir nuestras miradas para hallar la solución en plazo razonable lo constituye el rebaño mismo que ocupa el poder, con su nefasta política económica, social, industrial y demás, pareciendo favorecer durante todo este tiempo a banqueros, empresarios sin escrúpulos y corruptos desmedidos. En definitiva, que este gobierno ha dedicado todos estos años a demostrarme que mi teoría de que para vivir bien en España tienes que ser un cabrón o un hijo de puta es totalmente cierta y acertada.

Una vez hecha esta reflexión, he de decir también que no todo es malo en una situación de crisis. La palabra «crisis» no sólo tiene connotaciones negativas y también puede entenderse como “mutación”, “cambio”, “perplejidad ante una encrucijada del camino que demanda un juicio crítico y una consecuente toma de decisiones”. No voy a entrar en si estamos en recesión (palabra que para los economistas equivale a retroceso), porque eso ya complicaría mi argumentación, aunque finalmente fuese para llegar al mismo resultado.

Tan sólo tenéis que dedicar unos minutos para hablar con vuestros mayores más de lo que lo hacéis y de ese modo comprobaréis que a lo largo de la historia algunos supervivientes de hoy han vivido etapas, sin duda, mucho peores. Voy a poneros un ejemplo; en la época de la posguerra no se podría decir de forma estricta que estaban en crisis ni en recesión, ni siquiera en un imposible retroceso. No solamente habían tocado fondo, sino que vagaban por él sin saber si quiera dónde estaba la superficie. Pero, como desconocían cualquier otra cosa, no estaban traumatizados en absoluto. Eso creo yo. Los hoy ancianos nos dieron una muestra del coraje necesario para salir a la superficie. Y es que no se sentían desdichados, a pesar de la total falta de las comodidades que venturosamente traerían las décadas siguientes. Jugaban en las ruinosas calles de una ciudad devastada, eran felices a su manera, se esforzaban en estudiar y echar una mano en casa sin quejarse en contra el destino por los alimentos racionados, el pan negro, la falta de calefacción en casa y en la escuela, y hasta los sabañones que de ello derivaban.
Vayamos ahora a echar un vistazo a la situación actual. Aparte de la tragedia que supone el desempleo galopante, cuya desmesura española y efectos dramáticos hay que echar de una puñetera vez a las espaldas de políticos, bancos y empresarios, la crisis tendrá, sin duda, unos efectos secundarios en buena parte saludables. Y diréis vosotros: “¿Por qué?”Durante cincuenta años España ha vivido en el mejor de los mundos posibles: despensa y escuela, vivienda, Seguridad Social y sanidad para todos y en cualquier circunstancia, comodidades en casa, nuevas tecnologías, coche, viajes, vacaciones… Y a los niños que no les falte de nada, que para necesitados ya están los chiquillos de pasadas generaciones. Supongo que por todo esto hay que felicitarse, pero no tanto por las consecuencias que ha tenido.
Y es que me parece a mí que tantas facilidades nos han ablandado un tanto, cosa por otro lado comprensible. Nos han hecho creer que todo eso y más nos corresponde por justicia, los críos sufren indigestión de caprichos y el esfuerzo ha pasado de ser el factor imperante en el camino hacia el éxito a sufrir una mala prensa fácilmente entendible con sólo encender el televisor, con lo que toda esta prosperidad ha servido para colocar a los verdaderos parias del mundo en tronos revalorizados a base de dudosos valores éticos, morales o sociales.
Tampoco es cuestión de creerme a pies juntillas “El buen salvaje” de Rousseau ni la perversión social. Vale que el mal tiene una gran onda expansiva y sus índices de contagio son francamente elevados, pero lo mismo ocurre con el bien. Total, que los problemas vienen a ponernos a prueba. Hasta ahora lo único que se ha demostrado es la penosa gestión de la crisis por parte del Gobierno y de los gobiernuchos regionales, con frecuencia preocupados solamente de asegurarse el poder y del despilfarro de los dineros de todos.
Y todo esto no lleva a una sociedad actual en la que ya hay algunos que comienzan a reaccionar ante lo inevitable para volver a tomar la iniciativa. Resurgen en determinadas áreas la preocupación social y la puesta en marcha de acciones asistenciales en favor de los más afectados por la situación.

Así pues, la situación es desesperada, pero no grave. De momento, ha servido para poner a prueba las intenciones y la capacidad de gestión del Gobierno nacional, algo que espero terminará por poner a cada cual en su lugar. La sociedad, aunque sea poco a poco (que esto es España), tendrá que acabar por reaccionar contra este estado de cosas que nos ha situado a la cola del mundo occidental. Es necesario, mistercitos, que empecemos a ser conscientes de que vivimos en un tiempo inseguro y en un planeta con problemas y recursos limitados, que existe el prójimo y que la vida que merece ser vivida es algo con mayor sentido que una placentera sucesión de lujos.

Nos vemos, un saludo…
No olvidéis votar por "El Blog de Mr. M" aquí

2 mistercitos dicen:

Jekill and Hyde dijo...

Es cierto que nos hemos acostumbrado a un nivel de vida brutal. Por ejemplo: los concesionarios de coches se quejan de que las ventas siguen bajando cada año. No es que la gente ahora no tenga coche, es que no se lo cambian cada 2 o 3 años por uno mucho mayor y más caro.
A los políticos les pasa igual: las administraciones locales gastaban a punta pala porque tenian las arcas llenas de dineros que provenían constantemente de licencias de obras. Con la crisis del cemento, no hay tu tía. Ahora los ayuntamientos, acostumbrados a derrochar se rasgan las vestiduras, amenazan con no dar sevicios que no sean de su competencia (por fin!) y lloran a la gran administración del estado mayor financiación.
Ah! amiguitos, pero no se bajarán el sueldo ni devolverán las visas ni dejarán de ir a ferias inútiles y seguirán encargando estudios absurdos a sus cuñados... que para eso se han metido en política.

Nico dijo...

Nos pasamos el dia lamentándonos por todo y la verdad es que no le damos importancia a lo que tenemos, aunque luego cuando ves cosas como las de Haití y tantas otras más te das cuenta de que con la mitad de lo que tienes seguirías siendo infinitamente más afortunado que la gente en otros países.

Blogalaxia Bloggiar !Vóta este sitio en Cincolinks.com Creative Commons License
El blog de Mr. M by is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.