miércoles 13 de enero de 2010

ULTIMATUMS Y DECISIONES


Las cosas no siempre resultan como uno tiene planeado y no siempre los sueños o aspiraciones que albergamos en nuestra mente se plasman en la realidad del modo en el que habíamos imaginado.

Elena y yo nos conocemos desde los trece años. Se puede decir que hemos sido amigos prácticamente toda la vida. Durante todo este tiempo hemos compartido nuestros planes de futuro y siempre hemos jugado a imaginar cómo seríamos una vez los años hubiesen pasado. Entre todas las visiones futuristas que compartíamos, ella siempre estuvo segura de que cuando fuese mayor sería actriz. Todo en torno a ese mundo le parecía atractivo.

A decir verdad, Elena no llevaba lo que puede considerarse una vida feliz. Sus padres se habían divorciado poco antes de que nos conociésemos y siempre tuvo lo sensación de que, más que como hija, la tenían como arma arrojadiza que utilizaban a conveniencia para hacerse daño mutuamente.

Elena vivía con su madre, una madre obligada por las circunstancias a buscarse la vida y desatender, seguramente no de forma deliberada, a su hija y delegando prácticamente la educación de la niña en sus abuelos y sucesivas niñeras. Es por eso que Elena nunca se sintió realmente querida. Y así fue como la niña fue haciéndose mayor, albergando la idea de convertirse en una mujer capaz de vivir otras vidas, de sentirse independiente, de ser admirada y, sobre todo, querida por los demás. Y para ello nada mejor que ser actriz.
Y fue así como empezó a estudiar arte dramático, amén de otras disciplinas varias que pudiesen serle útiles para sus propósitos. Durante todo ese tiempo combinó su preparación con otra de sus aficiones favoritas: los chicos.

Nunca le faltaba alguien con quien evadirse y vivir esporádicos romances, eso sí, sin dejar de apartar nunca los ojos de su objetivo principal en la vida. Y así transcurrió el tiempo hasta que apareció en su vida Martín. Se conocieron una noche de verano y desde el primer momento Elena supo que él no era como el resto. Al menos no para ella.

El primer año de relación fue estupendo. Yo nunca la había visto irradiar tanta felicidad. Salían, se divertían y disfrutaban de la vida en la medida en la que las obligaciones profesionales de ambos se lo permitían. Todo estaba rodeado de perfección hasta el día que sonó el teléfono.
Una antigua compañera suya, residente en Madrid en ese momento, se puso en contacto con ella informándole de unas pruebas para una obra teatral en Madrid. A Elena le pareció genial, a Martín no. Al chaval no le agradaba la idea de tener que dejar viajar a su novia para buscar trabajo en otro lugar que no fuese su lugar de residencia.

Finalmente Martín cedió. Siempre he creído que lo hizo con la seguridad de que Elena no lograría nunca sus objetivos. Es cierto que en un principio mi amiga, que se presentaba para un papel protagonista, no fue seleccionada, cosa que supongo a él le produjo una oculta satisfacción al comprobar que los hechos le daban la razón, que los sueños de Elena eran demasiado etéreos para volverse reales y que, finalmente, el seguía llevando la batuta en la relación.

Sin embargo, poco tiempo después, la compañía volvió a requerir la presencia de Elena en una última prueba para un papel secundario. El trabajo es trabajo y las oportunidades hay que pillarlas al vuelo, así que ella volvió a ilusionarse. Pero la vida sirve sus manjares en bandejas calientes y si quieres tomarlos has de quemarte. Esta vez Martín no estaba dispuesto a ceder y así fue como vino la primera de muchas grandes discusiones. Elena tuvo que emplearse a fondo pero, como a persuasiva no le gana nadie, consiguió salirse con la suya. Y volvió a presentarse en Madrid. Para su regreso ya formaba parte del elenco de la obra.

Aquello no entraba dentro de los planes de Martín; su idea era la de irse a vivir juntos, que Elena se buscase un trabajo “serio” y el uno de informático, pero todo ello sin moverse de su ciudad. Los momentos felices dieron paso a las discusiones, empeoradas por un tiempo que apremiaba, pues Elena disponía de una semana antes de que los ensayos comenzasen. Y así fue como Martín pronunció las palabras mágicas: “O el trabajo o yo”.

Para Elena, que la persona a la que más quería en ese momento fuese capaz de tener la frialdad de colocarle en semejante encrucijada fue algo que la partió por la mitad. Aún me acuerdo de la conversación que mantuvimos en la que ella me confesaba que se estaba planteando seriamente el dejar pasar la oportunidad en pos de mantener su relación con Martín. Tuve que ponerla de nuevo frente a sus sueños de niña, recordarle todas nuestras conversaciones, todos los anhelos y todo lo que esperaba de la vida. Luego le pregunté si creía que Martín sería capaz de darle todo eso o, aún peor, si la dejaría a ella tomarlo en una próxima ocasión.

Hoy Elena tiene un amplio currículum profesional, ha participado en numerosas obras de teatro y musicales. El pasado mes ha estrenado en la Gran Vía y estoy deseando tener ocasión de ir a verla, tanto por disfrutar de su arte como por volver a compartir una tarde juntos.

Y me pregunto yo, ¿por qué hay gente en el mundo tan insegura que no son capaces de amar sin cortarle las alas a su pareja? ¿Por qué hay quien confunde enamorarse con encarcelar? ¿Por qué hay quién se empeña en mantener a la persona que quiere en una situación de dependencia? Y lo que es todavía peor. ¿Por qué hay gente tan sumamente gilipollas que se deja?

Un saludo, mistercitos…
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6 mistercitos dicen:

Acabara Petando dijo...

Uy, qué terreno más pantanoso!
Lo peor que te puede pasar es amar a alguien que te ata una cadenita al pie y que no te des cuenta. Suerte que para ello están los grandes amigos, para darte un coscorrón y retornarte a la tierra.
¿Y por qué sucede esto? A saber, los seres humanos podemos llegar a dar mucho asco.

Un saludete

MORNEO dijo...

Yo siempre he pensado que la gente que mantiene relaciones posesivas, ya sea como poseedor o como poseído, son personas con una autoestima muy baja, que creen que valen más bien poco y que están convecidos de que nadie les querrá tal y como son. Por eso cuando encuentran pareja, unos reaccionan quitándole la libertad y otros dejándose quitarla, todo por el miedo a perder a esa persona.

NICO dijo...

La pregunta es ¿como puede alguien querer a una persona si no se quiere a si mismo primero?

! Manolinvicio dijo...

Fantastica historia real, casi nos da para una pelicula u obra de teatro. Estoy seguro que el 90% de las personas que la vieses hecharian la vista atras recordando todas esas ilusiones que dejaron escapar por amor y posiblemente se arrepientan.

Yo me alegro muchisimo de que tu amiga te tuviera cerca para no cometer tal error, seguramente hoy en dia sea tan feliz siendo lo que es y como es que ni tan siquiera se acordara de ese tal Martín...

Un saludito muy M

lucho dijo...

Las personas somos cada vez mas egoistas, solo nos centramos en lo que queremos nosotros sin preocuparnos mucho por los intereses de los demás. Cuando esto pasa en una relacion de pareja suele terminar mal la cosa. ¿No hay cada vez mas divorcios y separaciones? Pues eso.

Angel dijo...

Preciosa historia. Coincido más o menos con lo que comentáis todos por aquí. La sociedad en la que vivimos se está haciendo cada vez más individualista y eso tiene sus consecuencias directas en nuestras relaciones sociales.

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